miércoles, 8 de enero de 2014


¿Y si regalo un libro?

Un libro siempre es un buen acierto. Para quien lee, un regalo estupendo y para quien no suele, siempre es un buen incentivo para sumergirse en las páginas de una novela. No hay excusas: si no se lee, es porque no se quiere. Aunque no estamos aquí para hablar de la importancia del libro, en estas fechas nos lo ponen muy fácil.


Es Navidad en Zaragoza y me encuentro en el Paseo Independencia, en la Plaza Paraíso, concretamente. Es sábado, 21 de diciembre. Las calles abarrotadas, casi cuesta andar. No es novedad, en Navidad, a la gente le cuesta quedarse en casa. Quieren ver en qué se ha gastado el Ayuntamiento los cientos de miles de euros “invertidos” en la decoración navideña. Las luces y los villancicos no brillan, precisamente, por su ausencia. Sí, ya lo se, pensaréis, “pues anda que no hay gente que no le gusta la Navidad y que piensan que simplemente es una excusa que los centros comerciales exprimen” - y muy bien, por cierto-. Efectivamente, sí, la hay pero no se quedan en casa. Nos guste o no, salimos, y queramos o no, gastamos. Lo que se puede, y más. Tengo que decirlo, lo siento, y es que, todo tiene un lado negativo. Una época susceptible en pensar en todos los que no pueden “disfrutar” de todo esto, para quienes este tipo de “preocupaciones” son meras estupideces.  

Papá Noel está a la vuelta de la esquina, y si nos descuidamos, Gaspar, Melchor y Baltasar también. No todo el mundo sabe lo que quiere, y ¿cuántos nos tenemos que parar a pensar una y otra vez en qué regalar? ¿le gustará? ¿lo devolverá? Son riesgos con los que todos tenemos que contar. Siempre con las prisas detrás, siempre esperando al agobio del último día. Ya no hay vuelta atrás.

Casi todas las casetas tenían gente esperando para ser atendidos
Me dispongo a decidirme por regalar un libro. En vez de acudir a grandes superficies comerciales, o a tiendas a las que no les faltará el trabajo en estas fechas, acudo a estas “casetas”, ya archiconocidas por los maños. Sí, esas. Unas casetas de pladur, dispuestas paralelamente, una después de otra. Se trata de pequeños comerciantes que siempre atienden con una sonrisa, que realmente quieren que tu regalo triunfe. Cosa a la que no estamos acostumbrados. 

No todas son casetas de libros: la artesanía, la gastronomía y el ocio destacan. Yo sabía a lo que iba, pero que queréis que os diga, no soy una experta en literatura. Sí, me gusta leer. Sí, leo. Sí, compro libros. Pero tampoco soy escritora, ni crítica literaria, no sé que es lo que le va a gustar a mi madre. ¡Ah!, se me olvidaba, no se si lo había dicho, pero el regalo, es para mi madre, que por cierto, única, en todos los sentidos.

La aventura de decidirme comienza

Esquivando a todo a quien tengo delante, empiezo a andar. Dejo a mi derecha una caseta, dos, tres y hasta seis. Casi llegando prácticamente al final de la fila, ahí está. Una caseta blanca, con no demasiada gente, y repleta de libros. Pequeños, grandes, viejos, nuevos, novelas, dramas... Aquí hay de todo. Curiosa, y expectante, comienzo a echar un vistazo por encima a todo el mostrador. Leo los títulos, incluso los ojeo por dentro, cómo si me fuera a ayudar a decidir ver la tipografía, en todos minúscula, por cierto. Al ver que me intereso especialmente por una novela, la dependienta se percata de mi presencia. El libro no parecía santo de su devoción, así que me pregunta amablemente si busco algo. Le comento mi situación, y sin dudarlo, comienza a proponerme ejemplares. He de reconocer que no se si el remedio ha sido peor que le enfermedad. Me encuentro con unos seis libros en mis manos, y unos cinco argumentos perdidos por mi cabeza, mientras la dependienta termina de explicarme el sexto. Tenemos una conversación de unos 5 minutos, nada relevante para explicar y ya ha llegado el ansioso momento.

Al fín llegó. ¡Lo tengo!

Jane Eyre, un clásico que nunca pasa de moda
 Sí, “lo he conseguido” pienso mientras la dependienta, prácticamente mi amiga, pues la cercanía que desprende es digna de admirar, envuelve lo que, el gordito de barbas y vestido de rojo, ha traído a mi madre. No es un best seller, ni un nuevo libro del escritor de moda, sino una edición del ya clásico Jane Eyre, de Charlotte Bronte, que -quiero recordar- aún no ha leído.

Me despido de Elena -sí, mi amiga- y me voy con esa cara de satisfacción pensando que por fin, ya lo tengo-. Un regalo perfecto para mi madre. Y sí, también esa satisfacción de ayudar a Elena, esa pequeña comerciante que te brinda la oportunidad de ayudarla, y saber que, le guste el regalo a mi madre o no,  ha merecido la pena.

Irene Pardo

3 comentarios:

  1. En efecto, ¿qué mejor regalo que uno de esos pequeños compañeros de viaje? ;)

    ResponderEliminar
  2. Cuatro años después de poner el pie por primera vez en esta ciudad he descubierto las famosas "casetas" que se mencionan en esta entrada: definitivamente me quedo con el trato cercano del pequeño comerciante y sus valiosos consejos de grandes lectores a la hora de elegir un libro.

    ResponderEliminar
  3. Yo no tengo nada en contra de las casetas y sus libreros, pero a mí en FNAC o El Corte Inglés me tratan siempre muy bien...y si no tienen lo que busco, lo piden, algo que el pequeño comerciante no puede hacer muchas veces

    ResponderEliminar